La aplicación de la robótica en la construcción, abre el camino futuro en búsqueda del crecimiento de edificaciones sostenibles, reduciendo costos, tiempos y procesos de producción. Por el momento, ya se utilizan robots para mecanizar las tareas peligrosas (demolición, proyección de aislamientos), o aquellas que resulten más pesadas (colocación de materiales, adaptación de espacios a distintos tamaños, labores de inspección, limpieza, entre otras).

 

 

Algunos de los robots que podemos encontrar en el mercado pueden clasificarse como “robots obreros”. Dentro de esta tipología podemos diferenciar aquellos destinados a la colocación de ladrillos, que materializan la obra con una impresión 3D in situ.

 

 

 

 

“SAM” el primer robot obrero, es capaz de levantar fábricas con piezas tradicionales de distintos materiales, solo que con medios mecánicos. Su gran ventaja es la rapidez de construcción, hasta 6 veces superior a los tiempos habituales con medios humanos tradicionales, colocando hasta 1000 ladrillos por hora, además de la precisión y la calidad de la fábrica ejecutada.

 

 

No obstante, este robot no está pensado para sustituir a los humanos, sino para trabajar en colaboración con ellos. Según sus creadores, está diseñado para ser un compañero de los albañiles, aumentando la producción de la cuadrilla entre 3 y 5 veces.

 

 

 

 

Todavía no se cree que las obras vayan a estar totalmente automatizadas en las próximas décadas o siglos y estos robots funcionan como compañeros cuya función es hacer el trabajo pesado. Sin duda, el desarrollo de ésta nos hace pensar que dentro de no tanto tiempo también le permitirá realizar otras tareas de mayor responsabilidad arquitectónica.