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miércoles, julio 10, 2024
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Realidad del sector constructor ecuatoriano

Años atrás los grandes proyectos de construcción (carreteras, hidroeléctricas, aeropuertos, puentes, planes habitacionales, etc.) marcaban la diferencia, generando trabajo, ganancias y desarrollo para el sector y cada uno de sus principales actores (constructoras, inmobiliarias, distribuidoras de materiales, ferreterías, profesionales, mano de obra e incluso para los emprendimientos, como la venta de almuerzos directamente en obras), sin embargo, datos del Banco Central del Ecuador (BCE) indican que el peso del sector ha caído del 10% al 6,1% del PIB (producto interno bruto) en los últimos años.

Y, es que, pese a que el BCE estimaba que el sector constructor nacional cerraría el año 2022 en crecimiento, la realidad es que tanto empresarios como también otros actores de la construcción, calculan a primeros rasgos que el resultado del año pasado fue un decrecimiento del 2%.

¿Qué indica lo dicho? La respuesta es sencilla y directa, el sector de la construcción se encuentra estancado, por ende, el hablar o asegurar una reactivación a corto plazo se ve lejana.

¿Qué hizo o está realizando el Estado?

La pandemia que vivimos y que aparentemente ha sido superada, hizo que el Estado ecuatoriano volcara sus recursos principalmente a la vacunación de la población del país, lo cual fue excelente, pero en lo que respecta al presupuesto para inversión y obra pública este fue bajo.

El Gobierno de Guillermo Lasso ha mantenido un presupuesto de poco más de $1.800 millones, lo que está lejos de los $5.000 o $6.000 millones anuales que se invirtieron durante el segundo boom petrolero, que se dio en aquella época denominada la “década ganada”.

Lo indicado fue uno de los principales factores que golpeó al sector de la construcción durante 2022, debido a que el 70% de su actividad depende precisamente de la obra pública, la cual a la vista de la sociedad ecuatoriana fue casi nula.

Voceros del Ministerio de Obras Públicas han expresado que se gasta menos, pero que se prevén ejecutar obras o proyectos con mayor impacto para el Ecuador. A lo indicado, también se asuró que se llegó en el 2022 al 87% de la inversión presupuestada para dicho año.

El problema ante esta realidad que atañe al sector de la construcción ecuatoriana, es la mala gestión y baja ejecución presupuestaria de los gobiernos locales, principalmente alcaldías, que sin irnos tan lejos tenemos un ejemplo claro en la ciudad de Guayaquil, donde se “invirtieron” casi 400.000 dólares en el pintado de murales, dinero que pudo ser usado tal vez en obras mucho más necesarias para la ciudadanía, tales como: ubicación de pasos peatonales en zonas críticas, bacheado de calles, etc.

A decir de Freddy García, economista y miembro del equipo asesor del Ministerio de Economía, los gobiernos locales recibieron montos récord de asignaciones (más de $3.100 millones); pero al cierre del año pasado habían ejecutado menos del 40% en inversión.

Para compensar esta baja inversión pública, se apostó todo a la reactivación de las actividades inmobiliarias privadas, las cuales representan el restante 30% del sector de la construcción, y donde se generan a nivel país cerca de 800.000 fuentes de empleo para mano de obra, mucha de ella no calificada.

La baja en la reserva de viviendas

Joan Proaño, CEO de la Promotora inmobiliaria Proaño / Proaño en el año 2019 y previo a la pandemia, habló del decrecimiento en la reserva de viviendas, e indicó que esta se daría por dos motivos: el estancamiento económico y los casi nulos incentivos en el sector de la construcción.

Proaño afirmaba que veríamos como el crecimiento del PIB bajaría drásticamente en comparación de lo que se tenía presupuestado y, la realidad es que esto se produjo y las cifras 2022 lo demuestran.

“Lastimosamente los incentivos en el sector constructor no se terminan de concretar, es decir, se promulga un decreto presidencial y luego a nivel de Ministerio y de junta de regulación monetaria y financiera, los reglamentos para que este decreto surta efecto no terminan de ser los mejores y hasta el momento este sector está parado por este motivo. Es decir, hay buenas intenciones, pero no se traduce en una acción final que beneficie a la construcción nacional”, expresó Proaño.

Cabe señalar también que Joan Proaño, quien también es vocero de Constructores Positivos, recalcó que las reservas de viviendas aumentaron 18% en 2021 y 9,5% en 2022. Con eso, las actividades inmobiliarias quedaron apenas 1% por debajo de los niveles prepandemia de 2019. Estos resultados positivos, sin embargo, no alcanzaron para reflotar a todo el sector.

Rentabilidad casi nula

Pese a los altos montos de colocación de créditos hipotecarios realizados por el Biess por un total de $2.032 millones en el 2022, el sector inmobiliario fue golpeado por un aumento de más del 11% en sus costos de producción (materia prima, costos directos e indirectos, precio de los lotes de terreno).

Así, la inflación para los constructores fue casi tres veces la registrada en la economía en general (3,78%). El problema es que la mayoría de ese encarecimiento no se puede trasladar al precio de venta de las viviendas.

“Este es uno de los problemas que tenemos los constructores. En los precios de venta de nuestras unidades habitacionales, ya hemos llegado prácticamente al límite de la capacidad adquisitiva del mercado ecuatoriano, del mercado local. Entonces, si bien es cierto que se han podido ajustar en alguna medida los precios, en ningún caso se va a haber podido subir un 10% o más”, puntualizó Proaño.

¿Qué depara este 2023?

En este 2023 las expectativas son de crecimiento en las actividades inmobiliarias privadas mas no en las públicas o estatales. Y, es que se prevé que se mantengan altos los niveles de créditos hipotecarios disponibles. Además, los ecuatorianos no solo tenemos los préstamos del Biess, sino también las opciones con tasas de interés subsidiadas en bancos y cooperativas.

A lo dicho, también se debe apuntar a que tanto alcaldías como prefecturas y sus nuevas autoridades ayuden a mejorar los números del sector de la construcción; aunque no se proyectan aumentos sustanciales en los presupuestos públicos para obras.

Asimismo, se puede hacer mucho en términos del impulso a proyectos de vivienda de interés social y vivienda de interés público. En Guayaquil, por ejemplo, si existen planes habitacionales municipales y alianzas estratégicas con el sector privado.

Y, es que, en esas alianzas, la Alcaldía aporta con los terrenos, lo que abarata sustancialmente los costos. Esto en Quito, y otras ciudades es un serio problema, por el alto costo del suelo, por lo que no es factible construir ni comercializar viviendas de interés social, casas para los segmentos de hasta $45.900.

 

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