La iluminación ocupa un rol protagónico en el diseño de interiores. El buen equilibrio entre el tipo y la cantidad de luz que recibe un espacio, permite transformar el modo en que este se percibe, realzar o atenuar efectos decorativos y hasta intensificar el valor de muebles y objetos. Con una buena planificación en cuanto a elección de materiales, correcta distribución de las lámparas y estilo adecuado, se puede cambiar el aspecto y la atmósfera de una habitación. Por el contrario, un mal uso de la iluminación puede echar a perder una buena idea decorativa.

 

 

 

 

El estilo nórdico es una de las tendencias que más fuerza tiene en la actualidad, debemos considerar que es un estilo muy agradable, limpio, transmite serenidad y luminosidad. ¿Cómo lo logramos? Creando ambientes luminosos tanto en el día como en la noche, con grandes ventanas que nos aporten luz, techos altos en colores claros que nos reflejen la luz en la noche, tal cual pasa en el día. Esto se puede lograr colocando lámparas de techo, de pared o de mesa, recordando que una de las características principales del diseño nórdico es el minimalismo, es decir, conseguir el máximo confort pero sin recargar la decoración utilizando lámparas de tipo industrial con bombillos y cables a la vista. Diseños de lámparas livianos y claros en un tono de luz que aporte calidez al ambiente, como puede ser desde 3.000 a 4.500 K.

 

Los diseños de las lámparas deben ser sencillos, en colores neutros y armoniosos, ideales para salas poco recargadas, los cuales combinan perfecto con colores claros, blanco, gris y metalizados.

 

 

 

 

 

 

Otra idea de iluminación nórdica con la que puedes decorar tu casa es instalar un juego de varias lámparas metálicas más pequeñas, con las pantallas de la misma o diferente forma, los cables vistos pueden ser de un color que aporte un toque más llamativo dentro de la pureza del blanco protagonista del estilo nórdico.

 

 

 

 

Fuente: Eurodiseño.